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domingo, 25 de noviembre de 2012

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


domingo 25 Noviembre 2012

Solemnidad de Cristo Rey del Universo
Fiesta de la Iglesia : Solemnidad Cristo Rey
Santo(s) del día : Santa Catalina de Alejandría


Evangelio según San Juan 18,33b-37.

Pilato volvió a entrar en el pretorio, llamó a Jesús y le preguntó: "¿Eres tú el rey de los judíos?". 
Jesús le respondió: "¿Dices esto por ti mismo u otros te lo han dicho de mí?". 
Pilato replicó: "¿Acaso yo soy judío? Tus compatriotas y los sumos sacerdotes te han puesto en mis manos. ¿Qué es lo que has hecho?". 
Jesús respondió: "Mi realeza no es de este mundo. Si mi realeza fuera de este mundo, los que están a mi servicio habrían combatido para que yo no fuera entregado a los judíos. Pero mi realeza no es de aquí". 
Pilato le dijo: "¿Entonces tú eres rey?". Jesús respondió: "Tú lo dices: yo soy rey. Para esto he nacido y he venido al mundo: para dar testimonio de la verdad. El que es de la verdad, escucha mi voz". 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 
Leer el comentario del Evangelio por : Santa Teresa de Jesús (1515-1582), fundadora del Carmelo Descalzo, mística, doctora de la Iglesia 
Camino de Perfección, cap. 22 

"Mi reino no es de este mundo”

Rey sois, Dios mío, sin fin, que no es reino prestado el que tenéis. Cuando en el Credo se dice: “Vuestro reino no tiene fin”, casi siempre me es particular regalo. Aláboos, Señor, y bendígoos para siempre; en fin, vuestro reino durará para siempre. Pues nunca Vos, Señor, permitáis se tenga por bueno que quien fuere a hablar con Vos, sea sólo con la boca... Sí, que no hemos de llegar a hablar a un príncipe con el descuido que a un labrador, o como con una pobre como nosotras, que como quiera que nos hablaren va bien.

Razón es que, ya que por la humildad de este Rey, si como grosera no sé hablar con él, no por eso me deja de oír, ni me deja de llegar a sí, ni me echan fuera sus guardas; porque saben bien los ángeles que están allí la condición de su rey, que gusta más de esta grosería de un pastorcito humilde, que ve que si más supiera más dijera, que de los muy sabios y letrados, por elegantes razonamientos que hagan, si no van con humildad.

Así que, no porque El sea bueno, hemos de ser nosotros descomedidos. Siquiera para agradecerle el mal olor que sufre en consentir cabe sí una como yo, es bien que procuremos conocer su limpieza y quién es. Es verdad que se entiende luego en llegando, como con los señores de acá, que con que nos digan quién fue su padre y los cuentos que tiene de renta y el dictado, no hay más que saber...Sí, llegaos a pensar y entender, en llegando, con quién vais a hablar o con quién estáis hablando. En mil vidas de las nuestras no acabaremos de entender cómo merece ser tratado este Señor, que los ángeles tiemblan delante de él. Todo lo manda, todo lo puede, su querer es obrar. Pues razón será, hijas, que procuremos deleitarnos en estas grandezas que tiene nuestro esposo y que entendamos con quién estamos casadas, qué vida hemos de tener. 

domingo, 11 de noviembre de 2012

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


domingo 11 Noviembre 2012
Trigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Martín de Tours
Evangelio según San Marcos 12,38-44.


Y él les enseñaba: "Cuídense de los escribas, a quienes les gusta pasearse con largas vestiduras, ser saludados en las plazas 
y ocupar los primeros asientos en las sinagogas y los banquetes; 
que devoran los bienes de las viudas y fingen hacer largas oraciones. Estos serán juzgados con más severidad". 
Jesús se sentó frente a la sala del tesoro del Templo y miraba cómo la gente depositaba su limosna. Muchos ricos daban en abundancia. 
Llegó una viuda de condición humilde y colocó dos pequeñas monedas de cobre. 
Entonces él llamó a sus discípulos y les dijo: "Les aseguro que esta pobre viuda ha puesto más que cualquiera de los otros, 
porque todos han dado de lo que les sobraba, pero ella, de su indigencia, dio todo lo que poseía, todo lo que tenía para vivir". 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

UN ESFUERCITO MÁS, en la comprensión de la Palabra: 

Escribas: En un principio, los sacerdotes eran a su vez escribas. (Esd 7, 1-6.) Sin embargo, se dio mucha importancia a que todos los judíos tuvieran conocimiento de la Ley. Los que estudiaron y obtuvieron una buena formación consiguieron el respeto del pueblo, y con el tiempo estos eruditos, muchos de los cuales no eran sacerdotes, formaron un grupo independiente. Por ello, en el tiempo de Jesús la palabra “escribas” designaba a una clase de hombres a quienes se había instruido en la Ley. Estos hicieron del estudio sistemático y de la explicación de la Ley su ocupación. Se les contaba entre los maestros de la Ley o los versados en ella. (Lc 5, 17; 11, 45.) Por lo general pertenecían a la secta religiosa de los fariseos, pues este grupo reconocía las interpretaciones o “tradiciones” de los escribas, que con el transcurso del tiempo habían llegado a ser un laberinto desconcertante de reglas minuciosas y técnicas. Los escribas se encontraban sobre todo en Jerusalén, aunque también se les podía hallar por toda Palestina y en otras tierras entre los judíos de la Diáspora. (Mt 15, 1; Mc 3, 22; compárese con Lc 5, 17.). La gente respetaba a los escribas y los llamaba “Rabí” (gr. rhab·béi, “Mi Grande; Mi Excelso”; del heb. rav, que significa “muchos”, “grande”; era un título de respeto que se usaba para dirigirse a los maestros). Los escribas no solo eran responsables como “rabíes” de las aplicaciones teóricas de la Ley y de la enseñanza de esta, sino que también poseían autoridad judicial para dictar sentencias en tribunales de justicia. Había escribas en el tribunal supremo judío, el Sanedrín. (Mt 26, 57; Mc 15, 1). No recibían ningún pago por juzgar, y la Ley prohibía los regalos y los sobornos.

Como vemos por la Palabra de Dios que hoy hemos leído, Jesús no tiene buena opinión de ellos. Los ve como aves de rapiña, como hipócritas, ostentosos. Su necesidad de ser importantes en la comunidad nos suena hoy a muchas personas que dentro de nuestra misma Iglesia actúan del mismo modo. Casi como un nuevo Miqueas (Miq 3, 1-4; véase también Miq 2, 2 y Ez 22, 25), Jesús, asume la tarea de denunciarlos frente a sus discípulos. La carta de Santiago también lamenta, ya en la Iglesia, esa costumbre tan perniciosa de poner a los ricos o “importantes” en los primeros lugares (Ver Sgo 2, 2-3). 

La viuda: La cara contrapuesta del escriba es la viuda que, a continuación, obra en silencio y ser vista (salvo por el ojo atento de Jesús) dando todo lo que posee al Templo. Este gesto inútil (las dos pequeñas monedas que ella entrega no alcanzan para mucho en comparación con los grandes billetes de aquellos que dan de lo que les sobra) no tiene valor por el uso que se le puede dar al dinero, sino por la actitud. Esa actitud de darle todo a Dios es la que siempre resalta la Biblia (véase Éx 35, 21-29) la cual denota no solo una gran generosidad de parte del donante, sino también una gran confianza, porque si no tengo más bienes ¿de dónde me vendrá el sustento sino de Dios mi Padre? La pobreza absoluta del donante se convierte en riqueza total porque es Dios quien bendice totalmente al que todo lo da (ver 2Cor 9, 6; Mt 10, 42). 

Aprendamos a ser generosos con todos nuestros bienes en nuestra relación con Dios ya que no se trata de aparentar o dar lo que sobra sino vivir conforme al don de hijos del Padre Dios. La viuda entendió perfectamente su relación de “hija” poniendo en el “arca” familiar todo lo que tenía, de tal modo que Dios no dejaría a su “hija” sin el sustento diario. Es cuestión de sinceridad y fe, lo demás es accesorio. Amén.

domingo, 4 de noviembre de 2012

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


domingo 04 Noviembre 2012

Trigésimo primero Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Carlos Borromeo

Evangelio según San Marcos 12,28b-34.

Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?". 
Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 
y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas. 
El segundo es: Amarás a tu prójimo como a tí mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos". 
El escriba le dijo: "Muy bien, Maestro, tienes razón al decir que hay un solo Dios y no hay otro más que él, 
y que amarlo con todo el corazón, con toda la inteligencia y con todas las fuerzas, y amar al prójimo como a sí mismo, vale más que todos los holocaustos y todos los sacrificios". 
Jesús, al ver que había respondido tan acertadamente, le dijo: "Tú no estás lejos del Reino de Dios". Y nadie se atrevió a hacerle más preguntas. 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 
28Un escriba que los oyó discutir, al ver que les había respondido bien, se acercó y le preguntó: "¿Cuál es el primero de los mandamientos?".
Cuando el escriba pregunta sobre el primer mandamiento está mostrando su preocupación sobre que es lo primero en hacer. El necesita una escala de valores que le diga que viene primero y que viene después. En realidad todos necesitamos lo mismo, sino las cosas que hacemos serán relativas a las circunstancias y no con un orden de prioridades emanadas de nuestras concepciones sobre la vida. Cuando pregunto por el primer mandamiento estoy preguntando sobre el fundamento de mi existencia, sobre la base de lo que soy. El orden establecido por Jesús es el orden vital, es lo primero que hay que hacer para que la vida tenga un sentido pleno y firme. Así valdrá la pena vivirla.

29Jesús respondió: "El primero es: Escucha, Israel: el Señor nuestro Dios es el único Señor; 30 y tú amarás al Señor, tu Dios, con todo tu corazón y con toda tu alma, con todo tu espíritu y con todas tus fuerzas.
Para Jesús el primer mandamiento es “escucha”. La importancia del prestar atención a las cosas de Dios no debe ser pasada por alto. No se trata solo de “amar” se trata de “saber” a quien se ama. El “shemá”, escucha, tiene una importancia capital en la concepción del buen israelita. Atender a la voz de Dios y no tanto a las de las necesidades exteriores, prestar atención a tu templo interior donde Dios se muestra en una nueva carpa del encuentro, que es tu propia vida, es la tarea principal. El primer mandamiento es “escuchar”.
De la escucha atenta saldrá el amor. ¿Cómo no amar con todo el corazón, con toda el alma, con todo el espíritu y las fuerzas a aquel que nos habla con palabras amorosas, a aquel que ha creado de la nada mi propia existencia, a aquel que se animó a confiar en mí, a trazar un puente entre mi vida pequeñita, creada por Él, y su magnificencia, a aquel que me invita a compartir para siempre la eternidad a su lado?
El “amor” es la entrega de toda la vida. Mª Teresa de Calcuta decía “hay que amar hasta que duela”. Dios ama a su creación y se entrega a ella en amor, es decir se dona totalmente. Nosotros amamos a Dios cuando, como criaturas, le damos toda nuestra vida, todo nuestro ser… “hasta que duela”.

31El segundo es: Amarás a tu prójimo como a ti mismo. No hay otro mandamiento más grande que estos".
El prójimo es la “imagen de semejanza” de Dios en la tierra. Cuando en el evangelio de Lucas el maestro de la ley le pregunta a Jesús “quién es mi prójimo”, Jesús responderá no “quién es mi prójimo”, sino de “quién soy prójimo yo” (Lc 10, 25-37). Es decir que el centro de atención son los demás y no yo. No es “mi” prójimo el que está más próximo mío… (como si los lejanos no necesitaran ayuda) sino que yo soy “prójimo” de todos porque trato de encontrar en todos la posibilidad de ayudarles. No quiero que me pidan nada, quiero dar antes que me lo pidan. Amar al otro como a mi mismo es tratarlo como me gusta que me traten, pero también darle lo mejor de mí así como me cuido y protejo a mi mismo.
El ejemplo del gorrión del relato es una muestra de que también nosotros podemos hacer las cosas mejor de lo que las estamos haciendo. De que también nosotros podemos amar hasta el extremo de dar la vida “hasta que duela” por mi “prójimo”. 

domingo, 28 de octubre de 2012

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


domingo 28 Octubre 2012

Trigésimo Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Simón Cananeo

Evangelio según San Marcos 10,46-52.

Después llegaron a Jericó. Cuando Jesús salía de allí, acompañado de sus discípulos y de una gran multitud, el hijo de Timeo -Bartimeo, un mendigo ciego- estaba sentado junto al camino. 
Al enterarse de que pasaba Jesús, el Nazareno, se puso a gritar: "¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!". 
Muchos lo reprendían para que se callara, pero él gritaba más fuerte: "¡Hijo de David, ten piedad de mí!". 
Jesús se detuvo y dijo: "Llámenlo". Entonces llamaron al ciego y le dijeron: "¡Animo, levántate! El te llama". 
Y el ciego, arrojando su manto, se puso de pie de un salto y fue hacia él. 
Jesús le preguntó: "¿Qué quieres que haga por ti?". El le respondió: "Maestro, que yo pueda ver". 
Jesús le dijo: "Vete, tu fe te ha salvado". En seguida comenzó a ver y lo siguió por el camino. 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

“VER PARA SER FELIZ”

“Reconocer nuestra incapacidad para ver cual es nuestro lugar en el mundo; para que, dejando a Jesús ser el guía, podamos encontrarlo”


UN ESFUERCITO MÁS, en la comprensión de la Palabra: 

San Marcos presenta en la escena del ciego de Jericó, la imagen de lo que es la Iglesia: tirada al costado del camino, sin ver a su salvador, desesperanzada de la vida, mendiga, carente de todo, poseedora de nada. 

Bartimeo “se puso a gritar: ¡Jesús, Hijo de David, ten piedad de mí!” (v. 47). Nuestra Iglesia también grita y suspira por la ayuda que tarda en llegar desde el cielo, sus manos se extienden mendigando a Dios, pidiendo la atención del Señor. Pareciera que pasa de largo, parece que no la escucha, encima “muchos lo reprendían para que se callara” (v. 48), la violencia de la represión es grande, no sólo quieren una Iglesia ciega, al costado del camino, que reciba la limosna que ellos le quieran dar, sino también la quieren muda, que no grite, que no hable, que se acomode a los “gobernantes, (que) dominan a las naciones como si fueran sus dueños, y (a) los poderosos (que) les hacen sentir su autoridad” (v. 42). 

Pero Bartimeo no se calla, la Iglesia tampoco, y grita más fuerte: Hijo de David, ten piedad de mí. Y es allí donde termina la historia y comienza el misterio. La vocación se abre paso, como un nuevo sol que se levanta después de la oscuridad, “Jesús se detuvo y dijo: Llámenlo” (v. 49). ¡Jesús ha escuchado, ha respondido, ha llamado! ¡Como a los doce que fueron llamados aunque no comprendían, la Iglesia de hoy es llamada, para que comprenda y pueda ver! “Entonces llamaron al ciego y le dijeron: ¡Ánimo, levántate! Él te llama” (v. 49). En este punto, la comunidad tiene que estar animada, la hora de las tinieblas ha pasado, la luz de la fe brilla refulgente, traspasando las tinieblas, y el ánimo vuelve a los corazones de la comunidad. “El Señor te llama”, significa también: “te ha escuchado y sabe que tú también le escuchas. Él te entiende, y sabe que tú también lo entiendes”. 

En el v. 50, el relato se convierte al mismo tiempo en lento y apresurado, avanza vertiginosamente y en cámara lenta. Con una capacidad absolutamente brillante, Marcos nos cambia el estado de ánimo, y, de ese mendigo suplicante abandonado al costado del camino, nos encontramos con un hombre que aprendió a dejarlo todo por el Señor. ¿Podríamos decir que este versículo es un resumen pascual? ¿Podríamos ver en este “arrojar el manto” algo así como el domingo de Ramos? ¿Podríamos captar en este “ponerse de pie de un salto” la resurrección del Señor y de todo creyente? ¿Podríamos, por último, ver en ese “fue hacia Él” lo que dice Marcos 16, 7: “Vayan ahora a decir a sus discípulos y a Pedro que Él irá antes que ustedes a Galilea; allí lo verán, como Él se lo había dicho”? 

La pregunta de Jesús “¿Qué quieres que haga por ti?”, demora la escena, pero al mismo tiempo es obligada. En esta manera de ser del evangelio de San Marcos, de explicar lo obvio, de ir con pie de plomo, conocedor de sus lectores, sabe de la necesidad de no dar nada por supuesto, y de que, formalmente se dé el consentimiento a la fe. La respuesta de Bartimeo: “Maestro, que yo pueda ver”, es la expresión formal de lo que la comunidad necesita. En medio de las tinieblas, se necesita ver. En medio de la oscuridad, hace falta la luz. Ver sin milagros, ver sólo por fe... 

En el v. 52, Jesús le dice: “Vete, tu fe te ha salvado”. Es la confirmación de que el creyente estaba en lo cierto, hacía falta gritar y llamar la atención para ser escuchado, hacía falta el oído atento para enterarse de que pasaba Jesús. La catequesis de Marcos termina de manera lógica: la conversión a la cual se llamaba (Mc 1, 15) se ha hecho realidad y “tu fe te ha salvado”. 

Nos dice el relato que “enseguida comenzó a ver”, enseguida, al momento, al instante, y “lo siguió por el camino”. 

Recobrada la visión, el que “estaba sentado junto al camino” (10, 46) sigue ahora a Jesús “por el camino”. Tal seguimiento consiste en algo más que en la integración de Bartimeo en el grupo de peregrinos que marcha a las fiestas. El verbo “seguir” se emplea casi siempre en relación con gente bien dispuesta hacia Jesús (2, 15; 3, 7; 5, 24; 11, 9) o, más frecuentemente, en conexión con los discípulos o el discipulado (1, 18; 2, 14; 6, 1; 8, 34; 9, 38; 10, 21.28.32; 15, 41). ...Mediante Bartimeo se intenta presentar un ejemplo de persona con capacidad “de ver”, y esa persona sigue a Jesús hacia su pasión. 

La gran virtud de Bartimeo fue dejarse ayudar por el Señor, él no hizo nada (aparte de solicitar ayuda). La Iglesia, y nosotros dentro de ella, también hoy necesita ser dócil a la gracia salvadora de Jesús que nos da el milagro de poder “ver”. Así, y solo así, podremos saber cual es nuestro lugar en el mundo y seguiremos al Señor como verdaderos discípulos suyos.

domingo, 14 de octubre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
domingo 14 Octubre 2012. 
Vigésimo octavo Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Calixto I

Evangelio según San Marcos 10,17-30.

Cuando se puso en camino, un hombre corrió hacia él y, arrodillándose, le preguntó: "Maestro bueno, ¿qué debo hacer para heredar la Vida eterna?". 
Jesús le dijo: "¿Por qué me llamas bueno? Sólo Dios es bueno. 
Tú conoces los mandamientos: No matarás, no cometerás adulterio, no robarás, no darás falso testimonio, no perjudicarás a nadie, honra a tu padre y a tu madre". 
El hombre le respondió: "Maestro, todo eso lo he cumplido desde mi juventud". 
Jesús lo miró con amor y le dijo: "Sólo te falta una cosa: ve, vende lo que tienes y dalo a los pobres; así tendrás un tesoro en el cielo. Después, ven y sígueme". 
El, al oír estas palabras, se entristeció y se fue apenado, porque poseía muchos bienes. 
Entonces Jesús, mirando alrededor, dijo a sus discípulos: "¡Qué difícil será para los ricos entrar en el Reino de Dios!". 
Los discípulos se sorprendieron por estas palabras, pero Jesús continuó diciendo: "Hijos míos, ¡Qué difícil es entrar en el Reino de Dios!. 
Es más fácil que un camello pase por el ojo de una aguja, que un rico entre en el Reino de Dios". 
Los discípulos se asombraron aún más y se preguntaban unos a otros: "Entonces, ¿quién podrá salvarse?". 
Jesús, fijando en ellos su mirada, les dijo: "Para los hombres es imposible, pero no para Dios, porque para él todo es posible". 
Pedro le dijo: "Tú sabes que nosotros lo hemos dejado todo y te hemos seguido". 
Jesús respondió: "Les aseguro que el que haya dejado casa, hermanos y hermanas, madre y padre, hijos o campos por mí y por la Buena Noticia, 
desde ahora, en este mundo, recibirá el ciento por uno en casas, hermanos y hermanas, madres, hijos y, campos, en medio de las persecuciones; y en el mundo futuro recibirá la Vida eterna. 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

HEREDAR LA VIDA ETERNA 

La imagen del hombre arrodillado nos conmueve el alma. Se pone a los pies de Jesús, se postra delante de él. Hay un interés en esta actitud: quiere heredar la Vida eterna. Es decir, en nuestras palabras, quiere ir al cielo. No está nada mal pensando que es un hombre rico (v. 22), y no creamos que es joven, ya que en v. 20 dice “todo eso lo he cumplido desde mi juventud”. 

Jesús lo remite a los mandamientos: -obra como dice la ley. Vivir según los mandamientos, según las normas religiosas, es asegurarse de ir por el buen camino para “heredar la Vida eterna”. Aquellos que viven su vida “cumpliendo”, saben que de un modo u otro van por la buena senda. Pero Jesús nos invita a más… No a dar el primer envión, sino asegurarnos de mantenernos en carrera. El “cumplir” es la primera parte de la historia. Es el modo en que todos aprendemos, nos “metemos” en el mundo de las cosas sagradas, pero ¿eso es todo? 

Hay un refrán que dice “a los hijos hay que darles raíces y alas, raíces para que crezcan fuertes, alas para que aprendan a volar”. Si observamos el proceso natural de la vida vemos que el “cumplimiento” es la raíz del árbol de la “vida eterna”, todos “aprendemos” a vivir por las enseñanzas familiares, en el seno de nuestra casa nos enseñan cosas que nos ayudan a vivir bien. Nos formamos como árboles, erguidos, derechos, elegantes. Cuando pasa la “juventud”; de ser “formados” pasamos a ser “formadores”. El hijo se vuelve padre, la hija se vuelve madre. 

Cuando Jesús mira con “amor” al hombre que le hizo la pregunta, podemos suponer que Jesús ve en él a alguien formado, crecido… alguien que puede empezar a ser formador de multitudes, “padre” de muchos que, como él, quieren seguir al maestro “bueno”. Es un buen candidato, perfecto, cumplidor y con la edad necesaria para asumir la tarea difícil de seguir al maestro. Un encanto. Por eso lo invitará con tantas ganas a “seguirlo”, a animarse a batir sus alas y volar de las seguridades en las cuales vivió. “Deshazte de todo y sígueme”. “Ya estás plenamente listo para abandonar el nido de tus seguridades y empezar una vida llena de aventuras, de desafíos, de servicio”. “Ahora es el momento… ¡no esperes más! ¡Vuela y deja de cumplir para empezar a seguir verdaderamente al maestro!” Jesús ve que este hombre está maduro para dejar de ser “hijo” y convertirse en “padre”. 

Pero el hombre no se anima a dar el paso. Preso de sus seguridades, de la caparazón que le da casa y protección, no se anima a ser más. Perdió la oportunidad de crecer, de madura, de dar fruto… y todo por aferrarse a lo que “tenía”. Prefirió “tener” a “ser”. Prefiere “cumplir” a “seguir”. 

ENTONCES, ¿QUIÉN PODRÁ SALVARSE? 

No eran tontos los discípulos. Sabían que no era cosa de ser muy rico para quedarse afuera del Reino. No importa cuánto, importa la actitud. Cualquier seguridad o hábito, o vicio, que nos aleje del seguimiento al Señor será una “riqueza” que, en vez de ayudarnos para la vida, nos anclará en la muerte. Nunca creceremos mientras estemos presos de las posesiones y las “seguridades” que nos impiden avanzar en el camino de la vida. Hasta que no aprendamos a “volar” no seremos libres. 

Tal vez no tengamos un peso partido por la mitad en el bolsillo, pero si actuamos con soberbia, orgullo, mezquindad, egoísmo, desprecios, etc.; todavía estamos “presos” de nuestros bienes. Para Jesús la gracia de Dios viene en nuestro auxilio, el versículo 27 suena parecido a lo que el ángel le dice a María en Lc 1, 37: Nada es imposible para Dios. 

Lo que importa para Jesús es tener capacidad de desprendimiento, saber dejar, no aferrarse a las cosas ni a las personas, “sólo Dios basta” decía, sabiamente, Santa Teresa de Ávila. Aprendamos a ser libres, aprendamos a seguir el camino. Esto no significa que no amemos a nadie, ni que nada tengamos para nuestro uso, lo que significa es que todo se debe usar y disfrutar sin apegarnos a ello. El afecto de tus seres queridos, los bienes materiales, son importantes, pero más importante es Dios y la salvación de tu vida para siempre. 

Si queremos ser de los primeros en el Reino de los Cielos debemos ser de los últimos en aferrarnos a las cosas y a las personas. Disfrutemos de la vida, pero sobre todo disfrutemos del AMOR.

domingo, 7 de octubre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68


domingo 07 Octubre 2012

Vigésimo séptimo Domingo del tiempo ordinario

Santo(s) del día : Beata Ana María Janer 


Evangelio según San Marcos 10,2-16.


Se acercaron algunos fariseos y, para ponerlo a prueba, le plantearon esta cuestión: "¿Es lícito al hombre divorciarse de su mujer?". 
El les respondió: "¿Qué es lo que Moisés les ha ordenado?". 

Ellos dijeron: "Moisés permitió redactar una declaración de divorcio y separarse de ella". 

Entonces Jesús les respondió: "Si Moisés les dio esta prescripción fue debido a la dureza del corazón de ustedes. 
Pero desde el principio de la creación, Dios los hizo varón y mujer. 

Por eso, el hombre dejará a su padre y a su madre, 
y los dos no serán sino una sola carne. De manera que ya no son dos, sino una sola carne. 
Que el hombre no separe lo que Dios ha unido". 

Cuando regresaron a la casa, los discípulos le volvieron a preguntar sobre esto. 

El les dijo: "El que se divorcia de su mujer y se casa con otra, comete adulterio contra aquella; 

y si una mujer se divorcia de su marido y se casa con otro, también comete adulterio". 

Le trajeron entonces a unos niños para que los tocara, pero los discípulos los reprendieron. 

Al ver esto, Jesús se enojó y les dijo: "Dejen que los niños se acerquen a mí y no se lo impidan, porque el Reino de Dios pertenece a los que son como ellos. 

Les aseguro que el que no recibe el Reino de Dios como un niño, no entrará en él". 

Después los abrazó y los bendijo, imponiéndoles las manos. 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Los dos no serán sino una sola carne. 


Hoy decir matrimonio, para muchos, suena a mala palabra. En el texto evangélico, la pregunta de los fariseos está orientada a poner a prueba a Jesús pero, la respuesta del Señor, es la que los pone a prueba a ellos. 


Cuando algunos nos preguntan por qué la Iglesia no permite el divorcio, nuestra contestación es sencilla: lea el evangelio de San Marcos en el capítulo 10, versículo 1 al versículo 12. Jesús da una clase magistral sobre lo que es el matrimonio y el divorcio. 


Desde nuestra mentalidad facilista es sencillo preguntarnos sobre qué es el divorcio, pero la pregunta esencial es qué es el matrimonio, no hay divorcio sin matrimonio, de hecho, no habría divorcio si el matrimonio es bueno. Dice la Exhortación Apostólica “FAMILIARIS CONSORTIO”, en el número 19: 


La comunión primaria es la que se instaura y se desarrolla entre los cónyuges; en virtud del pacto de amor conyugal, el hombre y la mujer "no son ya dos, sino que sola carne" y están llamados a crecer continuamente en su comunión a través de la fidelidad cotidiana a la promesa matrimonial de la recíproca donación total. 


Esta comunión conyugal hunde sus raíces en el complemento natural que existe entre el hombre y la mujer y se alimenta mediante la voluntad personal de los esposos de compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son; por esto tal comunión es el fruto y el signo de una exigencia profundamente humana. 


De hecho cuando dos se casan no hay ninguna garantía de que las cosas les salgan bien, la única garantía es su VOLUNTAD PERSONAL, para eso dicen: “¡SÍ, QUIERO!”. Aunque las circunstancias sean difíciles, la experiencia nos dice que cuando dos se aman las cosas siguen bien entre ellos, “contigo, pan y cebollas”. 


En el Sacramento del Matrimonio, como en todo Sacramento, la presencia del Espíritu Santo es fundamental, veamos cómo continúa la FAMILIARIS CONSORTIO: 


Pero, en Cristo Señor, Dios asume esta exigencia humana, la confirma, la purifica y la eleva conduciéndola a perfección con el sacramento del matrimonio: el Espíritu Santo infundido en la celebración sacramental ofrece a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, que es imagen viva y real de la singularísima unidad que hace de la Iglesia el indivisible Cuerpo místico del Señor Jesús. 


El don del Espíritu Santo es mandamiento de vida para los esposos cristianos y al mismo tiempo impulso estimulante, a fin de que cada día progresen hacia una unión cada vez más rica entre ellos, a todos los niveles -del cuerpo, del carácter, del corazón, de la inteligencia y voluntad, del alma-, revelando así a la Iglesia y al mundo la nueva comunión de amor, donada por la gracia de Cristo. 


Si el mismo Espíritu Santo se hace cargo de la unión matrimonial ofreciendo a los esposos cristianos el don de una comunión nueva de amor, solo hace falta que los dos, mediante la voluntad personal de los esposos, se unan para compartir todo su proyecto de vida, lo que tienen y lo que son. 


Jesús invita a los niños a estar con él, y nos enseña a hacernos como niños para entrar en el Reino de los Cielos. Tanto en la vida de todos los días, como en el matrimonio, hay que reconocerse necesitados y dependientes de los demás. Ser como niño es depender totalmente de nuestro Padre Dios, como lo hace un niñito de pecho de su madre, así también nosotros debemos depender de Dios en todo. En la vida matrimonial, el esposo debe depender en todo de su esposa y la esposa debe depender en todo de su esposo, es la única manera de que lleguen a ser una sola carne, en el sentido más exacto del término para Jesús.

domingo, 30 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

domingo 30 Septiembre 2012
Vigésimo sexto Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Jerónimo

Evangelio según San Marcos 9,38-43.45.47-48.

Juan le dijo: "Maestro, hemos visto a uno que expulsaba demonios en tu Nombre, y tratamos de impedírselo porque no es de los nuestros". 
Pero Jesús les dijo: "No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí. 
Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. 
Les aseguro que no quedará sin recompensa el que les dé de beber un vaso de agua por el hecho de que ustedes pertenecen a Cristo. 
Si alguien llegara a escandalizar a uno de estos pequeños que tienen fe, sería preferible para él que le ataran al cuello una piedra de moler y lo arrojaran al mar. 
Si tu mano es para ti ocasión de pecado, córtala, porque más te vale entrar en la Vida manco, que ir con tus dos manos a la Gehena, al fuego inextinguible. 
Y si tu pie es para ti ocasión de pecado, córtalo, porque más te vale entrar lisiado en la Vida, que ser arrojado con tus dos pies a la Gehena. 
Y si tu ojo es para ti ocasión de pecado, arráncalo, porque más te vale entrar con un solo ojo en el Reino de Dios, que ser arrojado con tus dos ojos a la Gehena, 
donde el gusano no muere y el fuego no se apaga. 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

En el relato de hoy, Juan ve a Jesús como si fuera una Marca Registrada de los discípulos y lo quiere convertir en el monopolio de los violentos. ¡Cuánto parecido encierra con el relato del libro de los Números (Núm 11, 16-17. 24-29)! Es como si Juan fuera el nuevo Josué diciendo: “Moisés, señor mío, no se lo permitas”. Juan entorpece el camino de la sanación entregado por Dios a los hombres por medio de Jesús: “tratamos de impedírselo por que no es de los nuestros”. ¿Hay que ser de los nuestros para hacer obras buenas? ¿Desde cuándo Jesús es una marca registrada? ¿La sanación, la liberación, que Jesús nos da es monopolio de algunos o es para todos? 

Juan parece no entender que Jesús vino por todos y para todos y que, así como vino por todos y para todos, todos pueden invocar su santo Nombre. Jesús no es sólo de algunos, es de todos. Nosotros, al igual que Juan, muchas veces pensamos lo contrario, imaginamos que si “no es de los nuestros”, su tarea no sirve. Cuántas veces nos hemos encontrado con situaciones de autoritarismo, intolerancia, mezquindad, individualismo, egoísmo, chisme, manipulación, exclusión, marginación, etc., en nuestras comunidades eclesiales. Predicamos un Jesús que es para todos, pero cuando todos lo predican no nos gusta. 

Pero Jesús les dijo: “No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí” 

Como Josué, Juan parecía celoso por su maestro, Jesús le responde diciéndole que no hay problema, nadie va a hablar mal de él. Pero pareciera que el drama de Juan no es si alguien habla, o no, mal del Señor. El problema es que Juan está celoso porque pierde poder, celoso porque hablan mal de los discípulos. Cuantas veces nos pasa que alguien se cambia a una iglesia evangélica y allí se convierte, tal vez ha estado la vida entera en la nuestra y no recibió nada. ¡Qué mal habla eso de la Iglesia Católica! Otras veces alguien se cambia de grupo o institución. Antes no servía para nada, ahora es un genio, se convirtió en un súper-cristiano, años en nuestra comunidad y no servía para nada; ahora parece que todos sus dones han salido a la luz. 

Resulta interesante ver como Marcos pone este relato después de la curación del endemoniado epiléptico (Mc 9, 14-29), donde los discípulos no pudieron curarlo (versículo 18: “le pedí a tus discípulos que lo expulsaran pero no pudieron”), y ahora ¡aparece uno que en Nombre de Jesús expulsa a los demonios y no es de los nuestros! (v. 38). Parece que siempre la decisión de los violentos y mediocres es eliminar al que les haga sombra, en vez de crecer (ya lo había dicho el Señor en Mc 9, 29: “Esta clase de demonios se expulsa solo con la oración”). La enseñanza de Jesús hay que orientarla al hecho de que hay que crecer nosotros y no disminuir a los demás, hacernos más fuertes nosotros y no debilitar a los otros, ¡no les cortemos las piernas para que estén a nuestra altura de petisos, crezcamos nosotros para hacernos tan o más altos que ellos! 

Y el que no está contra nosotros, está con nosotros. 

El evangelio de san Mateo dice todo lo contrario: “El que no está conmigo, está contra mí; y el que no recoge conmigo, desparrama” (Mt 12, 30). Pero, si bien hay que complementarlos, notemos la diferencia: en Mateo Jesús dice conmigo, en cambio, en Marcos dice nosotros. También es notable que, en Marcos 9, 39, la referencia de Jesús es sólo a él (“No se lo impidan, porque nadie puede hacer un milagro en mi Nombre y luego hablar mal de mí”) y no a la comunidad (nosotros). Jesús invita a ver a los demás como parte del grupo, de la comunidad y no como a enemigos a quienes hay que combatir. ¡Cuánto aprenderíamos, los seguidores de Cristo, si dejáramos de atacarnos mutuamente! ¡Cuánto ganaríamos si nos diéramos cuenta de que todos estamos con él –nosotros, dice el Señor! 

De todas maneras es bueno que resuenen las palabras de Pablo: “...la mayor parte de los hermanos, a quienes mis cadenas han devuelto el coraje en el Señor, se han animado a proclamar sin temor la Palabra de Dios. Es verdad que algunos predican a Cristo llevados por la envidia y el espíritu de discordia, pero otros lo hacen con buena intención. Estos obran por amor, sabiendo que yo tengo la misión de defender el Evangelio. Aquellos, en cambio, anuncian a Cristo por espíritu de discordia, por motivos que no son puros, creyendo que así aumentan el peso de mis cadenas. Pero ¡qué importa! Después de todo, de uno u otra manera, con sinceridad o sin ella, Cristo es anunciado, y de esto me alegro y me alegraré siempre.” (Filipenses 1, 14-18) 

La gravedad del escándalo. 

Escandalizar es poner una piedra para que otro tropiece. Cuando escandalizamos a alguien le hacemos caer, tropezar, desmoronarse. ¡Cuántas veces hemos visto como los escándalos destruyen la credibilidad de las cosas de Dios! ¡Cuántas veces las comunidades quedan postradas por la fiebre del escándalo, quedan de rodillas ante la duda que el escándalo ha sembrado! ¡Por eso Jesús llama la atención “estos pequeños que creen en mí”! La fe es en Jesús, pero nosotros somos piedra de tropiezo cuando, entre Jesús y los pequeños, ponemos nuestro monopolio, nuestro egoísmo, nuestra mezquindad. 

La mano, el pie y el ojo son los miembros que pueden llevarnos al pecado. La mano, símbolo de nuestra tarea creativa, que debería usarse solamente para entregar, para compartir con el que no lo tiene, también la usamos para robar, para esconder y mezquinar, para tomar en vez de dar. El pie signo del discípulo que sigue al maestro, del caminante que se mueve para misionar y llevar la buena nueva a los hermanos, del que se deja iluminar por la Palabra de Dios (Sal 119, 105), también puede usarse para andar por el camino del mal, por la senda de los malvados (Salmo 1, 1). El ojo figura del orante (Mc 7, 34), del buscador de Dios (Sal 121, 1), puerta de entrada de la vida y la respuesta divina (Sal 13, 4); también puede usarse para mirar con ira, con maldad o para cometer adulterio (Mt 5, 28). 

Es obvio que Jesús no quiere que nos amputemos algún miembro de nuestro cuerpo, usa esta expresión para hacernos ver la gravedad de la tentación del pecado y la maldad. Más te vale..., dice el Señor.

lunes, 24 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO


¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68

domingo 23 Septiembre 2012
Vigésimo quinto Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : San Fournet, San Pío Pietrelcina 

Evangelio según San Marcos 9,30-37.

Al salir de allí atravesaron la Galilea; Jesús no quería que nadie lo supiera, 
porque enseñaba y les decía: "El Hijo del hombre va a ser entregado en manos de los hombres; lo matarán y tres días después de su muerte, resucitará". 
Pero los discípulos no comprendían esto y temían hacerle preguntas. 
Llegaron a Cafarnaún y, una vez que estuvieron en la casa, les preguntó: "¿De qué hablaban en el camino?". 
Ellos callaban, porque habían estado discutiendo sobre quién era el más grande. 
Entonces, sentándose, llamó a los Doce y les dijo: "El que quiere ser el primero, debe hacerse el último de todos y el servidor de todos". 
Después, tomando a un niño, lo puso en medio de ellos y, abrazándolo, les dijo: 
"El que recibe a uno de estos pequeños en mi Nombre, me recibe a mí, y el que me recibe, no es a mí al que recibe, sino a aquel que me ha enviado". 


Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 



Leer el comentario del Evangelio por : 
San Máximo de Turín (?-v. 420), obispo 
Sermón 58 ; PL 57, 363 

“El que acoge a un niño en mi nombre, me acoge a mi”

Nosotros, todos los cristianos, somos el cuerpo del Cristo y sus miembros, dice el apóstol Pablo (1Co 12,27). En la resurrección de Cristo, todos sus miembros resucitaron con él, y mientras él pasaba de los infiernos a la tierra, nos hace pasar a nosotros de la muerte a la vida.

La palabra "pascua" en hebreo quiere decir paso o partida. ¿Este misterio no es el paso del mal al bien? ¡Y qué paso! Del pecado a la justicia, del vicio a la virtud, de la vejez a la infancia. Hablo aquí de la infancia que significa sencillez, no de la edad.
Porque las virtudes, también, tienen sus edades. Ayer la decrepitud del pecado nos ponía sobre nuestra decadencia. Pero la resurrección de Cristo nos hace renacer en la inocencia de los niños. La sencillez cristiana hace suya la infancia.

El niño no tiene rencor, no conoce el fraude, no se atreve a golpear. Así, este niño que es el cristiano, no se enfurece si se le insulta, no se defiende si se le despoja, no devuelve los golpes si se le golpea. El Señor hasta exige que rece por sus enemigos, que le entregue la túnica y el manto a los ladrones, y que presente la otra mejilla a los que lo abofetean (Mt 5,39s). La infancia de Cristo sobrepasa la infancia de los hombres... Ésta debe su inocencia a su debilidad, la otra a su virtud. Y es digna de más elogios todavía: su rechazo al mal, emana de su voluntad, no de su impotencia.

domingo, 16 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO

Evangelio según San Marcos 8,27-35.

Jesús salió con sus discípulos hacia los poblados de Cesarea de Filipo, y en el camino les preguntó: "¿Quién dice la gente que soy yo?". 
Ellos le respondieron: "Algunos dicen que eres Juan el Bautista; otros, Elías; y otros, alguno de los profetas". 
"Y ustedes, ¿quién dicen que soy yo?". Pedro respondió: "Tú eres el Mesías". 
Jesús les ordenó terminantemente que no dijeran nada acerca de él. 
Y comenzó a enseñarles que el Hijo del hombre debía sufrir mucho y ser rechazado por los ancianos, los sumos sacerdotes y los escribas; que debía ser condenado a muerte y resucitar después de tres días; 
y les hablaba de esto con toda claridad. Pedro, llevándolo aparte, comenzó a reprenderlo. 
Pero Jesús, dándose vuelta y mirando a sus discípulos, lo reprendió, diciendo: "¡Retírate, ve detrás de mí, Satanás! Porque tus pensamientos no son los de Dios, sino los de los hombres". 
Entonces Jesús, llamando a la multitud, junto con sus discípulos, les dijo: "El que quiera venir detrás de mí, que renuncie a sí mismo, que cargue con su cruz y me siga. 
Porque el que quiera salvar su vida, la perderá; y el que pierda su vida por mí y por la Buena Noticia, la salvará. 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

Es raro encontrarnos con Jesús preguntando por la “opinión” ajena. Casi como interesado en el “qué dirán”. Algunos llaman a esta situación “la crisis de Cesarea”, invitando a contemplar a Jesús como dubitativo, inseguro, de su tarea en el mundo. No nos cae mal que haya sido así. Lo normal es que vayamos ajustando nuestros objetivos en la vida, y dudar o pedir opinión ajena sobre nuestra conducta en un modo de clarificar “qué” y “por qué” tenemos que hacer esto o lo otro. 

Por otro lado, la pregunta de Jesús tal vez no apunte a un estado de “crisis” interior, sino más bien a captar “como” llega el mensaje que él está predicando. Una cosa es dudar de quién se es y otra muy distinta querer saber como llega lo que uno está hablando o haciendo. Al preguntar así, Jesús se asegura de dar en el blanco. Si la respuesta no es la adecuada al mensaje proclamado habrá que ajustar la predicación para que los destinatarios comprendan mejor lo que se quiere decir. El paso a Cesarea de Filipo marca que ha terminado la misión en Galilea, por lo tanto una “evaluación” parece necesaria. 

V. 28. Las respuestas invitan a considerar que la gente que escucha y ve las cosas que dice y hace Jesús lo entiende como un “profeta escatológico”, es decir, Jesús vendría, en la mente de esas personas, en nombre de Dios, a predicar la conversión ante el fin de los tiempos, que es inminente. El pueblo Judío esperaba que se diera ese fin de los tiempos, el fin del mundo, y que un profeta enviado por Dios lo anunciara para que el pueblo fiel se convirtiera de su pecado y entrara a la vida eterna. Juan Bautista predicó de ese modo y Elías fue el profeta que Dios no dejó morir, sino que se llevó al cielo en un carro de fuego… era lógico que las gentes pensaran que volvería a predicar la conversión para la salvación final de los Judíos. 

V. 29. Pero Jesús da una vuelta de rosca: está bien lo que piensan los demás… y ustedes ¿qué piensan? Ante esta pregunta algunos de nosotros podríamos pensar que Jesús está tomando examen a sus discípulos, pero no es así. Lo que hace el Señor es respetarlos como personas, ellos también tienen derecho a expresar sus opiniones, no son meros testigos, también son protagonistas. Pedro, en nombre de todos, responde lo que ellos piensan: “Tu eres el Mesías”. La respuesta de Pedro es más cierta y adecuada que la de la gente, pero la imagen del Mesías en esa época, era la del salvador Nacional, es la imagen del Héroe popular, del caudillo que guía a las masas a la revolución. Implica el triunfo de una nación sobre otras y, aunque teñida de una visión espiritual, apenas se eleva de la imagen de un guerrero que quiere liberar a la Patria de los que la oprimen. 

V. 30. Jesús se pone firme, de eso no se habla con los demás. Él sabe que puede hacer eso… y mucho más. Sabe que puede liberar al pueblo de cualquier esclavitud… pero sobre todo puede liberarlo de la esclavitud del pecado, que es la que lleva a la muerte. Él sabe que puede con cualquier rey o emperador terreno… pero sobre todo puede contra las potestades espirituales, sobre el poder del mal. Por eso “ordena” el silencio, para no confundir a los que escuchen esas palabras. La misión del “Mesías” como la entiende Jesús es la de redimir a la humanidad y no solo salvar a un pueblo. 

V. 31. Las aclaraciones de Jesús acerca de su sufrimiento alejan las falsas expectativas de los discípulos y los llevan a empezar a entender de manera más profunda que el misterio de la vida es más grande que las ilusiones infantiles que todos tenemos. El sueño del héroe inmaculado, del que puede ser lastimado pero no sufre, del autosuficiente (tan popular en películas de acción norteamericanas); no se cumple en la vida real y Jesús lo sabe. El sufrimiento, el rechazo, la muerte y la resurrección son el “camino” que se debe transitar para llegar a la perfección. Incluso es un proceso psicológico que debemos atravesar si queremos madurar en nuestra vida individual: Cualquier cambio positivo trae el sufrimiento por abandonar actitudes anteriores que ya estaban grabadas en nuestro corazón y transformadas en hábitos, en costumbres. El rechazo es natural, el cambio de criterios, y por ello de conductas, lleva al alejamiento de muchos que nos rodeaban y a la consiguiente desconfianza de tantos que no creen en nuestro cambio (“¿Habrá cambiado?”). La muerte: Una nueva vida no se logra sin la muerte de la anterior. La resurrección: La muerte de la forma de oruga conlleva que en la crisálida se haga la transformación de la mariposa. En el proceso de transformación las cosas fluyen cambiando las apariencias, modelando las actitudes, pero manteniendo la fuerza de la vida. Jesús acepta, pese a su inocencia, ser Él el artífice de nuestra transformación (de muerte a vida; de pecado a gracia) entregándose para la salvación de todos. 

V. 32. Pedro no entiende, parece que cree que haber respondido bien una pregunta del cuestionario lo convierte en profesor, lo transforma en maestro espiritual. Las ilusiones, propias y personales, de Pedro son traspasadas con tanta fuerza a la persona de Jesús que el apóstol, ciego y decepcionado, no logra entender nada, no respeta la alteridad, los límites, de Jesús; y se arroga el derecho de querer determinar la conducta del Salvador. Pedro pretende dar vuelta atrás a la historia de salvación: pretende ponerse en el lugar de Dios y así manejar con sus pequeñísimos intereses personales, o grupales, la historia de toda la humanidad, de toda la creación. ¡Pobre Pedro! 

V. 33. El gesto de Jesús es educativo: “mirando a sus discípulos”, implica que la lección es para todos. ¡Retírate!: Con estas palabras Jesús desliga a Pedro de su llamado vocacional, es como si le dijera: “Así no podés seguirme, mejor volvé a tus cosas de pescador y andate de aquí”, supongo que Pedro se debe haber quedado perplejo con esta respuesta, realmente un balde de agua fría: él, que había respondido bien, ahora es dejado afuera por su conducta interesada. Al ponerlo atrás le está indicando su lugar: Pedro es “discípulo” y no “maestro”. El deseo de triunfo y dominio vienen de las fuerzas del mal, Satanás es la imagen que Jesús elige para mostrarle lo equivocado que Pedro está. En vez de obrar como discípulo-servidor se está convirtiendo en poderoso dominador y esclavizador de los demás. La frase final es un refuerzo que complementa lo antes dicho: “Aquí las cosas se hacen como Dios manda, si no estás de acuerdo estás pensando como un simple mortal y, lamentablemente, no sós de los nuestros”. 

V. 34. El tema de la renuncia se volverá crucial en la vida del cristiano. Renunciar a todo intento de ejercer el poder como modo de conseguir lo “mío” y no de servir al prójimo es la marca personal del que sigue a Jesucristo. La cruz que se carga mira el futuro de la vida del cristiano normal: muchos identifican la cruz con sus sufrimientos, con sus dolores; pero, en un sentido mucho más profundo, la cruz “es sufrir por ser cristiano”, la cruz significa compartir el dolor de Jesús por salvar la humanidad, por servir para un mundo sin fronteras, sin pobres, sin pecado. El seguimiento será la clave de la historia del cristianismo, la búsqueda del creyente es ser como su maestro y no al revés (usar al Maestro para mi servicio). Hasta que no aprendamos a renunciar y a cargar la cruz, no podremos llamarnos seguidores de Cristo. 

V. 35. “¿Por qué voy a temer en los momentos de peligro, cuando me rodea la maldad de mis opresores, de esos que confían en sus riquezas y se jactan de su gran fortuna? No, nadie puede rescatarse a sí mismo ni pagar a Dios el precio de su liberación, para poder seguir viviendo eternamente sin llegar a ver el sepulcro: el precio de su rescate es demasiado caro, y todos desaparecerán para siempre” (Sal 49, 7-10). Entre el SER y el TENER el ser humano siempre decidirá por el SER. A eso apunta el Señor cuando nos habla de este modo.

domingo, 9 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO

¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
domingo 09 Septiembre 2012

Evangelio según San Marcos 7,31-37.

Cuando Jesús volvía de la región de Tiro, pasó por Sidón y fue hacia el mar de Galilea, atravesando el territorio de la Decápolis. Entonces le presentaron a un sordomudo y le pidieron que le impusiera las manos. Jesús lo separó de la multitud y, llevándolo aparte, le puso los dedos en las orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: "Efatá", que significa: "Abrete". Y enseguida se abrieron sus oídos, se le soltó la lengua y comenzó a hablar normalmente. Jesús les mandó insistentemente que no dijeran nada a nadie, pero cuanto más insistía, ellos más lo proclamaban y, en el colmo de la admiración, decían: "Todo lo ha hecho bien: hace oír a los sordos y hablar a los mudos". 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

El Evangelio según san Marcos nos presenta a un Jesús tierno, cercano, que se compadece del sufrimiento humano. Es así como lo hemos visto en este pasaje que acabamos de meditar. Le trajeron a un hombre sordomudo y Jesús lo separó de la multitud, lo llevó aparte. Lo trata personalmente, se ocupa especialmente de él. Y esto es lo que hace Jesús con nosotros: aunque seamos muchos, aunque nos “masifiquen” o “nos masifiquemos”, Él nos trata individual y personalmente, Él se ocupa de todos y de cada uno. Para Jesús somos especiales, somos únicos e irrepetibles, Él obra en cada uno de manera distinta. Acerquémonos a Él con confianza, pasemos tiempo con Él en oración, no dejemos pasar lo oportunidad de tener un trato íntimo con Jesús. Cuando Jesús apartó de la multitud al hombre sordomudo, le puso los dedos en la orejas y con su saliva le tocó la lengua. Después, levantando los ojos al cielo, suspiró y le dijo: “Efatá”, que significa: “Ábrete”. Es una curación en la que están presentes los gestos y las palabras. Como ocurre en los siete sacramentos instituidos por Jesús, en cada uno hay un gesto que se completa con las palabras. Y esto debería ser así en todas nuestras relaciones humanas. A veces tenemos muchos gestos de cariño hacia los demás pero nos cuesta decirles que los amamos. Todos necesitamos que nos digan que nos quieren. Pero también suele ocurrir lo contrario, decimos mucho que queremos a alguien y no lo demostramos con nuestro actuar. Las dos situaciones son causas de tristeza, de malos entendidos, de distanciamientos y, en el peor de los casos, de enfermedad. Enfermamos por falta de amor. Nos hacemos incapaces de recibir y dar cariño y afecto. Jesús quiere sanarnos, quiere darnos la capacidad de expresar el amor a los demás con gestos y palabras. Y lo hace justamente con ese trato íntimo y tierno con cada uno de nosotros. A nosotros nos queda hacer lo mismo con los demás. Jesús nos ayuda a abrirnos a los demás, aunque muchas veces nos fue mal por hacerlo. A muchos les hemos cerrado los oídos porque nos venían con engaños, con mentiras, con malos tratos. A muchos les hemos negado el habla porque no supieron valorarnos, porque nos malinterpretaban, porque nos hicieron daño. Así, nos fuimos encerrando en nuestro mundo porque tenemos miedo de que vuelvan a herirnos. Pero Jesús viene en nuestro auxilio, nos toca y nos cura. Nos llena de su ternura y su amor, de manera que ya nada nos puede afectar ni lastimar en la relación con los demás porque ya lo tenemos todo, lo tenemos a Jesús, al Amor de los amores. Con Él ya no podemos tener miedo a abrirnos a los demás, al contrario, salimos al encuentro del hermano para escucharlo y tratar de comprenderlo, le hablamos con palabras de amor, de ternura, palabras de vida, porque es así como nos trata Jesús. Acerquémonos a nuestros hermanos, especialmente a aquellos a quienes hace mucho hemos cerrado las puertas de nuestro corazón, a aquellos que sufren la soledad por temor a ser lastimados, busquemos a nuestros hermanos para darles ese amor y ternura que Jesús nos da a nosotros. Seamos otros “Jesús” para quienes conviven con nosotros. No temamos, ya que Jesús se ocupa de cada uno de nosotros.   

lunes, 3 de septiembre de 2012

EL EVANGELIO Y SU PENSAMIENTO



¿ Señor, a quién iremos?. Tú tienes palabras de vida eterna. Jn 6, 68
domingo 02 Septiembre 2012
Vigésimo segundo Domingo del tiempo ordinario
Santo(s) del día : Mártires septiembre
Evangelio según San Marcos 7,1-8.14-15.21-23.
Los fariseos con algunos escribas llegados de Jerusalén se acercaron a Jesús, y vieron que algunos de sus discípulos comían con las manos impuras, es decir, sin lavar. Los fariseos, en efecto, y los judíos en general, no comen sin lavarse antes cuidadosamente las manos, siguiendo la tradición de sus antepasados; y al volver del mercado, no comen sin hacer primero las abluciones. Además, hay muchas otras prácticas, a las que están aferrados por tradición, como el lavado de los vasos, de las jarras y de la vajilla de bronce. 
Entonces los fariseos y los escribas preguntaron a Jesús: "¿Por qué tus discípulos no proceden de acuerdo con la tradición de nuestros antepasados, sino que comen con las manos impuras?". 
El les respondió: "¡Hipócritas! Bien profetizó de ustedes Isaías, en el pasaje de la Escritura que dice: Este pueblo me honra con los labios, pero su corazón está lejos de mí. En vano me rinde culto: las doctrinas que enseñan no son sino preceptos humanos. Ustedes dejan de lado el mandamiento de Dios, por seguir la tradición de los hombres". Y Jesús, llamando otra vez a la gente, les dijo: "Escúchenme todos y entiéndanlo bien. Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que lo hace impuro es aquello que sale del hombre. Porque es del interior, del corazón de los hombres, de donde provienen las malas intenciones, las fornicaciones, los robos, los homicidios, los adulterios, la avaricia, la maldad, los engaños, las deshonestidades, la envidia, la difamación, el orgullo, el desatino. Todas estas cosas malas proceden del interior y son las que manchan al hombre". 

Extraído de la Biblia, Libro del Pueblo de Dios. 

La Palabra de Dios en este domingo es muy clara: “Ninguna cosa externa que entra en el hombre puede mancharlo; lo que hace impuro es aquello que sale del hombre”. Jesús en su caminar nos mostró frecuentemente esta realidad, basta con recordar, por ejemplo a la mujer adúltera, donde Jesús ejemplifica tremendamente que lo que le importa es el corazón del hombre, no su apariencia. En cambio, para los fariseos de la lectura de este domingo, lo único importante es “mostrarse limpios”, se quedan con la apariencia, con lo superficial, con la cáscara. Tienen el corazón manchado por sus intereses personales. Jesús, el hijo de Dios VIVO, está delante de ellos y no le abren su corazón, se fijan más en lo externo, se quedan con lo temporal, con aquello que tiene fecha de vencimiento. Jesús los llama ¡Hipócritas!, porque a Dios lo honran con los labios y mantienen su corazón alejado de Él. A Jesús no le importa el ritual de lavarse las manos, le importa el interior, el corazón de donde salen nuestras intenciones. ¡Qué bueno es saber que mira nuestro corazón! Mejor aún, que lo mira con amor paciente, porque lo conoce, porque sabe que nuestro corazón es humano y Él sabe de qué se trata, es mucho más humano que nosotros. El manzano del cuento embelezado por el brillo, deslumbrado por la inmensidad de las estrellas, sólo aspira a lo exterior, olvidándose de la hermosura de su interior, no se conocía, se minimizaba, aspiraba a la imagen, al brillo. De esta manera no podía descubrirse. ¡Cuántas veces nos pasa lo mismo!, nos importa más vernos y que nos vean brillantes, bellos, limpios, inmensos. Nos olvidamos de nuestro ser interior. Si nos convenciéramos de que en nuestro interior, en nuestro corazón está Jesús, está la inmensidad de su Amor, si nos convenciéramos de que nuestro corazón está hecho para amar, nuestra vida tendría otra dimensión. Si nos reconociéramos hijos, sólo nos importaría la mirada de nuestro Padre y no la mirada de los hombres. Nuestra vida sería abundante y no una vida de pequeñez, en la que cualquier cosita inquieta, hace tambalear, quita la alegría y hace olvidar lo valiosa y singular de nuestra vida para Dios. Por todo esto, los que leemos la Palabra, los que nos esforzamos en vivirla, hagamos como María, que concibió a Jesús primero en su fe y después en su vida. No nos desanimemos. Si somos constantes reinaremos con Él (ver 2 Tim 2, 12). No nos quedemos con lo externo, nos descubramos interiormente, para redimensionar toda nuestra Vida desde el Milagro del Amor del Padre, manifestado por el Hijo y hecho carne por el Espíritu Santo. Amén.