martes, 26 de marzo de 2013

Martes Santo: El Papa pide abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón de Jesús


                                           
El Papa Francisco exhortó esta mañana en la homilía de la Misa de Martes Santo a abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón de Jesús, cuyo amor disipa la "noche" del pecado del ser humano.

Meditando en el pasaje evangélico sobre la traición de Judas, el Santo Padre exhortó a los presentes en la Capilla de la Casa Santa Marta a "abrir el corazón y gustar la dulzura del perdón". "Pensemos qué bello es ser santos, pero también es bello ser perdonados (…) Confiemos en este encuentro con Jesús y en la dulzura de su perdón".

El Papa Francisco recordó que cuando Judas traicionó al Señor, cuando salió del Cenáculo, "era de noche". Esa noche en la que se mueve el discípulo que entrega a Cristo, es la noche en la que está su corazón. Esa es peor, es la "noche del corrupto, una noche definitiva, cuando corazón se cierra de un modo que no sabe, no quiere salir de sí".

En cambio, prosiguió el Papa, la "noche del pecador" es diferente, es una noche "provisional" que todos "conocemos": son "tiempos cuando la noche llega y todo es oscuro en el corazón".

Tras señalar que de esta noche se puede salir con la confesión, el Santo Padre dijo que así se puede vivir la experiencia de San Pablo que decía que "su gloria era Cristo crucificado por sus pecados. ¿Por qué? Porque él, con sus pecados, ha encontrado a Cristo crucificado que los perdonaba".

La realidad del perdón, "el gustar la dulzura del perdón", indicó luego el Papa, es un llamado a todos "en medio de la ‘noche’, de las tantas noches y de los tantos pecados que cometemos, porque somos pecadores, y siempre está esa caricia del Señor que nos hace decir "esta es mi gloria: ¡soy un pobre pecador, pero Tú Señor eres mi Salvador!"

Prensa argentina afirma que el Papa Francisco visitaría su país en diciembre


                                          
Dos de los periódicos más importantes de Argentina informaron hoy que el Papa Francisco visitaría Argentina durante la primera quincena de diciembre de 2013. Sin embargo el vocero del Vaticano, Padre Federico Lombardi, precisó que el único viaje confirmado del Santo Padre es el que realizará en julio próximo a Brasil para la Jornada Mundial de la Juventud en Río de Janeiro.

Según informa el diario Clarín, la decisión de viajar al país en diciembre contaría con el beneplácito del Gobierno de Cristina Fernández de Kirchner.

El diario La Nación agrega que el Papa aprovechó la audiencia con la presidenta argentina en el Vaticano para comunicarle su decisión de postergar su viaje a Argentina para no verse inmiscuido en el proceso electoral de octubre.

Sin embargo, en declaraciones hoy a ACI Prensa, el vocero del Vaticano explicó que "es normal que el Papa vaya antes o después a Argentina, como ya hicieron Benedicto XVI a Alemania, o Juan Pablo II a Polonia. Pero no tengo ninguna confirmación oficial".

"Lo único que puedo confirmar es su viaje a Río de Janeiro, Brasil, para la Jornada Mundial de la Juventud" que se realizará del 23 al 28 de julio en esa ciudad.

Valentina Carusi, de la embajada de Argentina ante la Santa Sede, indicó a ACI Prensa que "efectivamente, la prensa dio algunas fechas, pero desde aquí no vamos a confirmar nada porque no hubo una confirmación oficial por parte del Vaticano de la agenda del Papa".

El Papa quiere Misa de Jueves Santo sencilla e íntima: No será transmitida en directo por tv





El Padre Federico Lombardi, director de la Oficina de Prensa de la Santa Sede, informó hoy que "la Misa que el papa Francisco celebrará el Jueves Santo en la capilla del Instituto Penitenciario para menores (IPM) de Casal del Marmo será por expresa voluntad suya muy sencilla".

Dado el carácter íntimo de la visita pastoral, la presencia de los periodistas estará limitada al exterior del edificio y no habrá transmisión televisiva en directo.

En la Misa tomarán parte unos 50 jóvenes, entre los cuales 11 chicas; todos huéspedes del IPM. El Papa lavará los pies a doce de ellos, elegidos de nacionalidad y confesión religiosa diversa. Las lecturas y la oración de los fieles correrán también a cargo de los chicos y chicas del IPM.

Después de la Misa el Papa encontrará a los jóvenes y al personal del IPM, alrededor de unas 150 personas, en el gimnasio de esa institución. Está prevista la presencia de la Ministra de Justicia, Paola Severino, acompañada por la Jefa del Departamento de Justicia de Menores, Caterina Chinnici, del comandante de la Policía Penitenciaria del Instituto, Saulo Patrizi y de la directora del IPM, Liana Giambartolomei.

Los jóvenes regalarán a Francisco un crucifijo y un reclinatorio de madera, fabricados por ellos en el taller de artesanía de Casal del Marmo, mientras el Santo Padre les llevará huevos de Pascua y "colomba", (el dulce tradicional de Pascua italiano).

Junto al Pontífice concelebrarán el cardenal Agostino Vallini, su vicario para la diócesis de Roma, y el padre Gaetano Greco, capellán de ese instituto. También estarán presentes dos diáconos: un terciario capuchino de la Dolorosa, Fra Roi Jenkins y el padre colombiano Pedro Acosta.

domingo, 24 de marzo de 2013

TEXTO COMPLETO: Homilía del Papa Francisco en Misa por Domingo de Ramos 2013


                                       
1. Jesús entra en Jerusalén. La muchedumbre de los discípulos lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: «¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en elcielo y gloria en lo alto» (Lc 19,38).

Gentío, fiesta, alabanza, bendición, paz. Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo.

Él ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma.

Este es Jesús. Este es su corazón atento a todos nosotros, que ve nuestras debilidades, nuestros pecados. El amor de Jesús es grande. Y, así, entra en Jerusalén con este amor, y nos mira a todos nosotros.

Es una bella escena, llena de luz – la luz del amor de Jesús, de su corazón –, de alegría, de fiesta.

Al comienzo de la Misa, también nosotros la hemos repetido. Hemos agitado nuestras palmas.

También nosotros hemos acogido al Señor; también nosotros hemos expresado la alegría de acompañarlo, de saber que nos es cercano, presente en nosotros y en medio de nosotros como un amigo, como un hermano, también como rey, es decir, como faro luminoso de nuestra vida.

Jesús es Dios, pero se ha abajado a caminar con nosotros. Es nuestro amigo, nuestro hermano. El que nos ilumina en nuestro camino. Y así lo hemos acogido hoy. Y esta es la primera palabra que quisiera deciros: alegría. No seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo.

Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros; nace del saber que, con él, nunca estamos solos, incluso en los momentos difíciles, aun cuando el camino de la vida tropieza con problemas y obstáculos que parecen insuperables, y ¡hay tantos!

Y en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis. Sigamos a Jesús. Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro.

Y, por favor, no os dejéis robar la esperanza, no dejéis robar la esperanza. Esa que nos da Jesús.

2. Segunda palabra: ¿Por qué Jesús entra en Jerusalén? O, tal vez mejor, ¿cómo entra Jesús en Jerusalén? La multitud lo aclama como rey. Y él no se opone, no la hace callar (cf. Lc 19,39-40). Pero, ¿qué tipo de rey es Jesús?

Mirémoslo: montado en un pollino, no tiene una corte que lo sigue, no está rodeado por un ejército, símbolo de fuerza. Quien lo acoge es gente humilde, sencilla, que tiene el sentido de ver en Jesús algo más; tiene ese sentido de la fe, que dice: Éste es el Salvador.

Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías en la Primera Lectura (cf. Is 50,6); entra para recibir una corona de espinas, una caña, un manto de púrpura: su realeza será objeto de burla; entra para subir al Calvario cargando un madero.

Y, entonces, he aquí la segunda palabra: cruz. Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz. Pienso en lo que decía Benedicto XVI a los Cardenales: Vosotros sois príncipes, pero de un rey crucificado.

Ese es trono de Jesús. Jesús toma sobre sí... ¿Por qué la cruz? Porque Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios.

Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar.

Mi abuela nos decía a los niños: El sudario no tiene bolsillos. Amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también –cada uno lo sabe y lo conoce– nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación.

Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección. Este es el bien que Jesús nos hace a todos en el trono de la cruz. La cruz de Cristo, abrazada con amor, nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho él aquel día de su muerte.

3. Hoy están en esta plaza tantos jóvenes: desde hace 28 años, el Domingo de Ramos es la Jornada de la Juventud. Y esta es la tercera palabra: jóvenes.

Queridos jóvenes, os he visto en la procesión cuando entrabais; os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclamáis su nombre y expresáis la alegría de estar con él.

Vosotros tenéis una parte importante en la celebración de la fe. Nos traéis la alegría de la fe y nos decís que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años. Corazón joven. Con Cristo el corazón nunca envejece. Pero todos sabemos, y vosotros lo sabéis bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar.

Y vosotros no os avergonzáis de su cruz. Más aún, la abrazáis porque habéis comprendido que la verdadera alegría está en el don de sí mismo, en el don de sí, en salir de uno mismo, y en que él ha triunfado sobre el mal con el amor de Dios.

Lleváis la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La lleváis respondiendo a la invitación de Jesús: «Id y haced discípulos de todos los pueblos» (Mt 28,19), que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año. La lleváis para decir a todos que, en la cruz, Jesús ha derribado el muro de la enemistad, que separa a los hombres y a los pueblos, y ha traído la reconciliación y la paz.

Queridos amigos, también yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI. Ahora estamos ya cerca de la próxima etapa de esta gran peregrinación de la cruz de Cristo. Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro.

Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil. Preparaos bien, sobre todo espiritualmente en vuestras comunidades, para que este encuentro sea un signo de fe para el mundo entero.

Los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús. Tres palabras: alegría, cruz, jóvenes.

Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que así sea.

Papa Francisco: ¡En julio, a Río! Por Jornada Mundial de la Juventud

Al culminar la Misa por Domingo de Ramos y tras el rezo del Ángelus desde el atrio de la Basílica de San Pedro, el Papa Francisco aseguró su presencia en la Jornada Mundial de la Juventud (JMJ) Río 2013, exclamando “¡En julio, a Río!”.

El Santo Padre también pidió a los jóvenes que preparen “espiritualmente el corazón”.

“Os encomiendo a María, ante todo a vosotros, queridos jóvenes, y vuestro itinerario hacia Río de Janeiro”.

Francisco pidió invocar “la intercesión de la Virgen María para que nos acompañe durante la Semana Santa. Que ella, que siguió con fe a su Hijo hasta el Calvario, nos ayude a caminar tras él, llevando con serenidad y amor su cruz, para llegar a la alegría de la Pascua”.

El Papa también encomendó a “que la Virgen Dolorosa ampare especialmente a quien está viviendo situaciones particularmente difíciles, recordando en especial a los afectados por la tuberculosis, pues hoy se celebra el Día mundial contra esta enfermedad”.

“¡Buen camino para todos!”, concluyó.

Papa Francisco en Domingo de Ramos: No os dejéis robar la esperanza de Jesús

                                            
En su homilía al celebrar su primera Misa de Domingo de Ramos como Obispo de Roma, ante la multitud reunida en la Plaza de San Pedro, el Papa Francisco pidió a los fieles a mantener siempre la alegría, y los exhortó a no dejarse robar la esperanza “que nos da Jesús”.

El Santo Padre recordó que al ingresar a Jerusalén, Jesús fue recibido por la muchedumbre de discípulos que “lo acompañan festivamente, se extienden los mantos ante él, se habla de los prodigios que ha hecho, se eleva un grito de alabanza: ‘¡Bendito el que viene como rey, en nombre del Señor! Paz en elcielo y gloria en lo alto’”.

“Se respira un clima de alegría. Jesús ha despertado en el corazón tantas esperanzas, sobre todo entre la gente humilde, simple, pobre, olvidada, esa que no cuenta a los ojos del mundo”.

Jesús, indicó el Santo Padre, “ha sabido comprender las miserias humanas, ha mostrado el rostro de misericordia de Dios y se ha inclinado para curar el cuerpo y el alma”.

La escena del ingreso a Jerusalén, dijo el Papa, es una bella escena, llena de luz –la luz del amor de Jesús, de su corazón–, de alegría, de fiesta”.

Señalando la participación con alegría de los fieles esta mañana, en la que acogieron al Señor como “faro luminoso de nuestra vida”, así como “nuestro amigo, nuestro hermano”, el Papa exhortó a que no seáis nunca hombres y mujeres tristes: un cristiano jamás puede serlo”.

“Nunca os dejéis vencer por el desánimo. Nuestra alegría no es algo que nace de tener tantas cosas, sino de haber encontrado a una persona, Jesús; que está entre nosotros”.

El Papa señaló que “en este momento viene el enemigo, viene el diablo, tantas veces disfrazado de ángel, e insidiosamente nos dice su palabra. No le escuchéis”. “Nosotros acompañamos, seguimos a Jesús, pero sobre todo sabemos que él nos acompaña y nos carga sobre sus hombros: en esto reside nuestra alegría, la esperanza que hemos de llevar en este mundo nuestro”.

“Y, por favor, ¡no os dejéis robar la esperanza!, ¡no dejéis robar la esperanza! Esa que nos da Jesús”, pidió el Santo Padre.

El Santo Padre recordó que “Jesús no entra en la Ciudad Santa para recibir los honores reservados a los reyes de la tierra, a quien tiene poder, a quien domina; entra para ser azotado, insultado y ultrajado, como anuncia Isaías”.

“Jesús entra en Jerusalén para morir en la cruz. Y es precisamente aquí donde resplandece su ser rey según Dios: su trono regio es el madero de la cruz”.

El Papa recordó que Benedicto XVI dijo a los Cardenales que “sois príncipes, pero de un rey crucificado. Ese es trono de Jesús”.

“Jesús toma sobre sí el mal, la suciedad, el pecado del mundo, también el nuestro, el de todos nosotros, y lo lava, lo lava con su sangre, con la misericordia, con el amor de Dios”.

“Miremos a nuestro alrededor: ¡cuántas heridas inflige el mal a la humanidad! Guerras, violencias, conflictos económicos que se abaten sobre los más débiles, la sed de dinero, que nadie puede llevárselo consigo, lo debe dejar”.

Estos pecados incluyen, señaló el Papa, el “amor al dinero, al poder, la corrupción, las divisiones, los crímenes contra la vida humana y contra la creación. Y también –cada uno lo sabe y lo conoce– nuestros pecados personales: las faltas de amor y de respeto a Dios, al prójimo y a toda la creación”.

“Y Jesús en la cruz siente todo el peso del mal, y con la fuerza del amor de Dios lo vence, lo derrota en su resurrección”.

Por ello la cruz de Cristo, señaló el Papa, “nunca conduce a la tristeza, sino a la alegría, a la alegría de ser salvados y de hacer un poquito eso que ha hecho Él, aquel día de su muerte”.

El Papa también se dirigió a la multitud de jóvenes que asistieron a la Misa en la Plaza de San Pedro, a quienes dijo que “os he visto en la procesión cuando entraba; os imagino haciendo fiesta en torno a Jesús, agitando ramos de olivo; os imagino mientras aclamáis su nombre y expresáis la alegría de estar con Él”.

“Vosotros tenéis una parte importante en la celebración de la fe. Nos traéis la alegría de la fe y nos decís que tenemos que vivir la fe con un corazón joven, siempre: un corazón joven incluso a los setenta, ochenta años”.

Este corazón, aseguró Francisco, con Cristo “nunca envejece”.

“Pero todos sabemos, y vosotros lo sabéis bien, que el Rey a quien seguimos y nos acompaña es un Rey muy especial: es un Rey que ama hasta la cruz y que nos enseña a servir, a amar. Y vosotros no os avergonzáis de su cruz”.

Los jóvenes, dijo, “lleváis la cruz peregrina a través de todos los continentes, por las vías del mundo. La lleváis respondiendo a la invitación de Jesús: ‘Id y haced discípulos de todos los pueblos’, que es el tema de la Jornada Mundial de la Juventud de este año”.

El Papa Francisco aseguró a los jóvenes que “también yo me pongo en camino con vosotros, desde hoy, sobre las huellas del beato Juan Pablo II y Benedicto XVI”.

“Aguardo con alegría el próximo mes de julio, en Río de Janeiro. Os doy cita en aquella gran ciudad de Brasil”.

Francisco aseguró que “los jóvenes deben decir al mundo: Es bueno seguir a Jesús; es bueno ir con Jesús; es bueno el mensaje de Jesús; es bueno salir de uno mismo, a las periferias del mundo y de la existencia, para llevar a Jesús”.

“Pidamos la intercesión de la Virgen María. Ella nos enseña el gozo del encuentro con Cristo, el amor con el que debemos mirarlo al pie de la cruz, el entusiasmo del corazón joven con el que hemos de seguirlo en esta Semana Santa y durante toda nuestra vida. Que así sea”, concluyó.

sábado, 23 de marzo de 2013

El Papa pide a jesuitas dar testimonio de vida al servicio de la Iglesia

En una carta dirigida al P. Adolfo Nicolás, Superior General de la Compañía de Jesús (jesuitas), el Papa Francisco le agradeció el saludo que este le dirigió por su elección a la Sede de San Pedro y pidió que esta orden de testimonio de una vida entregada al servicio de la Iglesia.

El Santo Padre agradeció al P. Nicolás, el ofrecimiento de la Compañía de Jesús de “su oración por mi Persona y ministerio apostólico, así como su plena disposición para seguir sirviendo incondicionalmente a la Iglesia y al Vicario de Cristo, según el precepto de San Ignacio de Loyola”.

El Papa expresó su pedido a Dios de que “ilumine y acompañe a todos los Jesuitas”, para que “fieles al carisma recibido y tras las huellas de los santos de nuestra amada Orden, puedan ser con la acción pastoral, pero sobre todo, con el testimonio de una vida enteramente entregada al servicio de la Iglesia, Esposa de Cristo, fermento evangélico en el mundo, buscando infatigablemente la gloria de Dios y el bien de las almas”.

“Con estos sentimientos, ruego a todos los Jesuitas que recen por mí y me encomienden a la amorosa protección de la Virgen María, nuestra Madre delcielo, a la vez que, como prenda de abundantes favores divinos, les imparto con particular afecto la Bendición Apostólica, que hago extensiva a todas aquellas personas que cooperan con la Compañía de Jesús en sus actividades, se benefician de sus obras de bien y participan de su espiritualidad”, concluyó.